martes, 8 de agosto de 2017

OLOR DE LA NOCHE

Fotografía de Victoria Siemer, cogida de Pinterest





OLOR DE LA NOCHE




Sólo este olor del país que trepa a mi olfato olor indiferente y bestial entre las tantas calles que derivan en desagües en los alrededores el aliento retorcido de los laberintos del sistema aquellos semejantes a las pesadillas de la noche: hay voces de piedra agazapadas en la sombra ronquido de trenes que caen al vacío no sé si es real o imaginario el silencio en los ojos la forma de las sombras que trepan a la piel y se quedan en el petate en fuga del aliento (alguien sólo ve ángeles donde también hay demonios) desde el ala de la nube el ciempiés colgando de la ventana del más allá su hondura sombría de caminos detrás de las paredes los sueños y su volumen de reloj estremecido por la horda de los minutos ¿Quién hizo del olor ciegas pesadumbres? ¿Quién de las distancias persianas de desvelos hospitales terribles gargantas innegables zaguanes de zozobra?  —advierto la intimidad flagelada de la patria el oscuro país de la eternidad y la pobreza intimidante como una hoja seca vasta ver los pañuelos atravesando los ojos y el frío transpirado de la ciudad y los demonios que proceden a nuestra mudez ante la incertidumbre cada quien camina según las posibilidades del melodrama la felicidad no deja de ser un eufemismo en este tiempo de martillos clavos y madera toso mientras la noche encandila sus fermentos: el terror tiene sus propios extravíos se le siente como el amor primero al borde de la tormenta luego uno sólo quiere escupir los vértigos rehabilitar las semanas y la economía los pequeños espacios aunque resulten asquerosos para el sexo en ocasiones adversos a la política a estas alturas de mis confidencias y paranoias no resulta extraño el desconsuelo ni el caballete donde desencajo tus mulos incrédulamente de mi timidez exacerbada y disfrutar lo inalcanzable vienen los ruidos de la bisutería y su forma extraña de sospecha (el quejido de aquella figura solo tenía sentido en el suspiro: al fin víctima de mis disparos líquidos) lo único reconocible el olor abierto del despojo en su cuaderno de fuego incesante…
Barataria, 2017

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