lunes, 31 de julio de 2017

PARTITURA DEL FUEGO

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PARTITURA DEL FUEGO





Soñé: y el pez circuncidado en la oscuridad de lo inasible ávidos los caballos premonitorios de este universo fallido por un momento los pretextos o el juego de las esquirlas los huecos o fracasos del último beso en el interior del pecho: sueño y es mi último recurso para prenderle fuego al mundo del frío al pájaro de la infancia y las cornisas al pozo de la conciencia y su engañosa asfixia o putrefacción  se me ocurre que allí hay de todo: cardúmenes y plurales cloacas compartidas y obesas astucias de pelambre y coartadas poco creíbles cuando se está del otro lado en el silencio pasa la noche depilando la casita de mi historia el amor fracasado al que le falta aire los métodos para la pulcritud para limpiar las tantas desoídas del cuerpo el océano Pacífico el Atlántico las apariciones del miedo a la hora de escribir y fumarme la silueta de los semáforos levantar la madera (la lógica de las ideas a merced de sus rarezas) desobedeciendo al momento de escribir corroerme emponzoñarme y susurrar al buen entendedor de mis desgracias: sólo quiero reír o abandonarme bajar la cabeza para contar los poros de los andenes o mudarme a tu cuerpo donde gotee el follaje hasta desmantelar toda moralidad posible en fin quiero sentir el estallido en la boca y el pulso enronquecido de caos así serán líquidas las probabilidades de nuestros jardines el resuello mórbido de la parodia o solo la afonía del descenso ni siquiera tengo posibilidades de dormir: de cara a cualquier epitafio prefiero la ceñida humedad del cántaro y el don de la fuga frente a la brisa seguida de la escritura Al solo roce la estación memorable de la fruta y la desmedida de los años que arrasa con todo ¡Tanto morir en la colocación de los puntos! Nunca puedo esperar para mañana: obedezco al camino y a las disidencias encallo pero luego me disemino me tortura el puerto del trasiego soy herético por naturaleza por ello con el bisturí escribo la partitura del alto fuego o esa otra forma transcurrida del magma mi sosiego es no estar en tierra firme microcéfalo sino en el silbato del niño que le quita nudos a la garganta y que de su cajón de ingenios saca barriletes para  deleitarse en la explanada del horizonte claro con menos luz hasta podría dormir entre los otros objetos que cubren el espejo…
Barataria, 2017

sábado, 29 de julio de 2017

RASTROJO DE LA PARTIDA

Pintura de Inge van Boven, 
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RASTROJO DE LA PARTIDA




En la antesala de nuestras propias náuseas el tiempo solapado es nuestro verdugo el acecho monstruoso de cuanto nos habita: sin abdicar arrastramos los ojos alrededor de los brebajes del peñasco de las idolatrías o los bostezos o malicia o carcajada la insania tiene su propia identidad de solapa y a menudo lágrimas que se extienden a lo largo de las semanas por supuesto uno no sabe a qué atenerse cuando ya se está dentro del fuego cuando corazón y alma dejaron de ser diamante: todo se nos escapa de las manos mientras la soledad decreta sus narcóticos y nos infunde su puño de alucinaciones nadie sabe todos los sollozos que retiene la herrumbre si es piedra o veneno el pájaro que prolonga su agonía en el pecho el bostezo húmedo de cansancios la partida irremediable de la flama del quinqué al pie de la noche  toda partida deja su propio rastrojo de cuchillos (vos) lo sabes frente a los cirios solemnes del reproche a las tantas expatriaciones a los escalofríos negros de los ataúdes nadie queda ileso al cruzar el patio ciego de la niebla en cada revés de la noche las impurezas y lo avieso que tienen algunos sueños en el tránsito de lo irremediable se multiplican las máscaras que uno no conocía las consignas y todo ese interior de abismo semejante a un pestañeo de alfileres bajo ciertas palabras se arropan los falsos paraísos hasta que nos queda deforme el paladar y el pez de luz del combate: quizá cada día uno esté obligado a recoger los pedacitos de frío que van dejando las aceras o aquella sed que se suponía inagotable (al final acaban por dolernos las torpezas de lo inhóspito los precipicios de la miseria la boca yerta del cuerpo dolorido las pústulas que se han ido acumulando en la memoria) la ruina hecha suele ser superior a la postrera súplica superior a la metástasis del descreimiento: queda abierta la herida y deshecha la cama: el extravío tiene su abecedario como las mentiras su propio fuego  —en algún lugar las calles de seguro deletrean el silencio y mastican el residuo de tanta palabra…
Barataria, 2017

viernes, 28 de julio de 2017

ALLÍ, EN EL ESQUELETO DE LA ESPINA

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ALLÍ, EN EL ESQUELETO DE LA ESPINA





Allí en el esqueleto de la espina tu aliento frío de culpas infinitas allí desplomado de cansancios el calendario como un amanecer trasegado entre cadenas allí tus palabras con poca vida severas como un mango de machete incómodo: las manos aprietan la carcajada siniestra y la poca alegría que me recuerda la sangre uno es tantas veces los fragmentos picoteados por el tiempo la indiferencia la claridad la tristeza el grito el frío: sobre la línea fatigada de los candiles ese nosotros repetido de viento y libélulas siempre existe un cuerpo remoto transitando en los párpados que de seguro cabe en el polvo de una hoja de cartón ciego en la espina sordo en silencio doliente respiro los agujeros de la tierra convertida en páramo (no sé si es vulgar sumergirme en la marea de tu ombligo junto al depravado pez de la desnudez)  Nuca ha sido fácil andar la ciudadanía en la solapa de saliva de la piel curtida de los difuntos o en los abanicos cenicientos de la respiración o en el petate gastado de los bolsillos siempre huyo de las confesiones y de ciertos colores que no son los de la levadura alguien me pregunta casi con dejo de melancolía por mi dentadura por mis pulmones por la indiferencia por mi falo mientras escribo una estrofa de cangrejos alrededor de mis oscuridades predilectas: los trenes que sin mayores explicaciones se ahogan en mi pecho siempre esperé junto al chucho una cara azul y sin averiguaciones sin advertencias y mentiras ahora pongo en entredicho la voluntad del vómito y las escupidas que juzgan en la conciencia después de todo siempre perviven las razones para la duda: entre la injuria y la sombra emergen oscuridades extravagantes como el cuchillo que degüella el destino a nadie le asiste el derecho de acabar con los relojes mucho menos ser verdugo despiadado: solo quería un campanario de ternura y continuar vivo junto a la harina de tus ijares y hacer mis acrobacias de colibrí en tus pezones de montaña
Barataria, 2017

miércoles, 26 de julio de 2017

DESAZÓN

Pintura de Paul Gauguin-Farm in Brittany, 
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DESAZÓN




Es muy probable que existan zancadas desinfladas como ese ir caminando entre  la rabia y la indignación: no duelen dejaron de hacerlo las puertas heridas de la memoria no duele ya el falso pudor en la boca ni los trocitos de angustia amarrados a la garganta no duelen las palabras escurridizas sepultadas en la tinta no duele que la lucidez en realidad haya muerto y que se erijan otros infiernos avaros no creo en la masturbación inclemente de la sal en los ojos ni en esas monstruosidades disfrazadas de ciertos pájaros a veces la Nada es la mejor respuesta a la vestiduras de las pupilas vacío de fortuna abrazo los pretéritos: una persona está hecha de muchos mundos alrededor de ellos se vive la noche o el día uno está a merced de esos ahogos: quería todo aun los dolores y gemidos del país los sonambulismos y el cuerpo desvestido atravesar el largo canapé de la tristeza no duele su huida ni siquiera los gozos desoídos quebrado el infinito no duelen los arrepentimientos  cuando la fractura es mayor a la ternura: uno va sembrando cruces a imagen y semejanza de las lejanía hay penas en el rostro que no se pueden explicar tampoco tienen sentido los jadeos en pequeños frascos de expectorantes hoy lo sé tras la desmesura de la sordera y el golpe que desdice cualquier benevolencia: un día por cierto no seremos ni carne ni deseo ni enigma no seremos tiempo en el semen de la ceniza ni juguete ni sábana ni oruga en el petate pútrido del destiempo  has quemado los abrigos del alba y es feroz la voz entorpecida de la ternura: cada personaje que responde el charco de tedio que lo nubla perpetua su propia retórica: así se tornan perpetuas las certezas del aniquilamiento y cierto el dolor cuando uno se despabila despierto cuando ya nadie ocupa la casa quedan desde luego entre los dientes las mordeduras del jengibre y ese sucio cadáver de la desazón…

Barataria, 2017

lunes, 24 de julio de 2017

ORILLAS IMPURAS

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ORILLAS IMPURAS




Hacia la orilla inmóvil de las impurezas los vientos congelados de las sombras y el bostezo de los nichos como legiones destronadas por el asfalto: la inminente fuerza de las repugnancias con la arcilla plena de los desmoronamientos jugar a la hernia del tragaluz de los olvidos o redenciones y al golpe inmutable de la medianoche en la cobija hinchada de sudores la flauta ciega de la eternidad los intentos perversos de lo imposible el tiempo amante que nunca se abandona en los cementerios ni en los brazos convulsos del despojo  una crecida vitrina de murciélagos repasa su vuelo en la pipa aturdida del goteo memorioso de la caverna exaspero frente a la inmundicia de las frecuentes promiscuidades de la lucidez de las aguas destronados de los frigoríficos del ojo inmutable ante el plomo del granito o de la carroña que brinca en el aliento a veces uno se abandona en el complicado rictus de la violencia o en la cajita de salvación de los pecados capitales: en las esquinas de la yesca los clavos calcinados de las lápidas y la incesante posteridad de la entraña en alguna parte las semanas sin sosegar la sed el prurito de la lengua de bahareque ante el trastorno y arrebato de los sueños ahora el muro de humo desvela sus propias contradicciones la inmediata tirantez del tránsito el callejón múltiple de las fotografías la carcajada de heces lentas que nadan y se sumergen en el mosquerío narcotizado de las calles deletreo el presente muerto y el futuro implacable la tísica comunión con las mañanas aunque sea legible la taza de café en la ardiente trenza de muerte de las zapaterías  de seguro en el chasquido de la página se vive la lividez de las estocadas y el pómulo saltado de las puertas del vejamen en la saliva trago todas las gestaciones de las disyuntivas harto de las varias palabras de la incertidumbre  Vos avanzando sin ningún arrullo sin ningún patio para llorar el raciocinio sin ninguna misericordia para mi boca amarga sin ningún otro dolor más que éste: ser martillado por la rigidez crecida del frío al final únicamente lo remoto nos ampara ahí nos habita el andrajo del cansancio…
Barataria, 2017

sábado, 22 de julio de 2017

BOSTEZO DEL PAÍS

Pintura de Robert Motherwell, cogida de Pinterest





BOSTEZO DEL PAÍS




Sangra el techo del país junto a sus bostezos de larga noche de pañuelos: hay un Cristo que muere en cada clavo que enluta la madera más allá del opúsculo del cierzo la lluvia exhuma los alientos perdidos en la intemperie la vigilia es la cruz donde naufragan los espejos los sueños enviudan en el hierro de la vigilia lo mismo el ahogo que provocan las esquirlas ¿Qué aguacero nos dejó esta carcoma y las ojeras zurcidas en medio de la madera? Entre el cascajo van quedando las pupilas y la siempre honda sepultura de la noche y su rostro de viscosidades en el poquito de aire que nos queda tartamudea la brizna de humo encarnada en el cuerpo: en la piel raída del petate la joroba de las telarañas mientras el reloj patalea alrededor de las alambradas para colmo es inevitable la humedad del ruego aunque el día quede sordo y desnudo como la carne yerta los ojos del entresueño y ese vacío de escarcha en el grito indago en cada gota de oscuridad: las plegarias o degolladuras son todo un espectáculo así lo dicen los perros premonitorios del agobio el genocidio que de pronto acaba con las palabras o es tal que nos enjaula en su brutalidad obediente son plurales las bodegas indeseables de las cloacas y ese abandono que le reprocho a la memoria múltiples sollozos me separan del Paraíso cada osamenta nos paraliza y para ello no hay indulto salvo las flores amarillas de los muertos en un séquito de escapularios: huir siempre ha sido un terremoto de escobas los ríos interiores son el propio sudario del desplome de la tierra con todo el exterminio vigente procuro darle vida al trompo incesante del niño tal los sueños habrá alguien que no se resigne al día a día ni a la esquina aniquilada de la alegría ni a la historia en declive ni a la retórica conjetural del polvo después vendrá el imperio de la luz con su arado y tal vez otras infancias acumulen más años y puedan lavar a tiempo la mudanza de ropa…
Barataria, 2017

jueves, 20 de julio de 2017

PRESENTE DEFINITIVO

Imagen cogida de laspiedrascantan.blogspot.com





PRESENTE DEFINITIVO




Desde las palabras el ojo expulsado de las multiplicaciones del mundo: el presente definitivo y por lo mismo extremo muele la bruma y devora a su antojo los propios fuegos es un ir y quedarse en las ramas del temblor entre la madera y la hoja y las habitaciones igual me da el sentido humano de la tristeza  ese nosotros que nunca es perdurable: empieza y luego desaparece en las tardes en la penumbra duele la rendija del calendario que todavía me queda el cántaro de las pupilas lleno de caminos igual todas las noches son iguales el yagual persuasivo de las nubes el espeso musgo del aliento desde el interior ardiendo en su espejo de grietas lo sé ahora cuando la zarza muerde mi memoria y no atisbo señales claras sino las de la bruma y sus sordos veleros de jeroglíficos todo estuvo siempre entumecido como la sorda efigie deshabitada de cuanto resplandece huyen las palabras y queda lo ineludible: sí, me quema lo que ya no tiene remedio los nombres del costado el trozo de aguas del presagio con sus burdeles de senderos bifurcados quizás el extraño silencio creciendo como la edad quizás los sótanos acostumbrados a callar: nunca estuve a tiempo en el tiempo ensimismado de los sueños junto a la breve alegría la demencia doméstica de los abismos sé que era difícil un candil de palabras alegres: el acecho avieso de los anticuerpos el reguero de hormigas incandescentes las letanías de lo inenarrable haciendo un tatuaje de secretas mutaciones anochece con vos el nudo en la garganta todos los caminos de la oscuridad son ahora inevitables sólo tengo prontuarios coagulados en la expiación de mis infiernos: en el reverso del fuego sordas las manos la lluvia balbuciente de sal ese otro lado de las puertas que nunca se abren al ojo ni a la luz ¡tantas lápidas con joroba! tanta oscuridad en las depredaciones  es cierto entonces una ventana de gemidos: no hay inocencia en cada palabra dicha: antes y después lo insólito de los sueños roto el hilo de luz los golpes sobre mi desnudez jamás olvidan los zapatos su tránsito sobre el polvo ahí perdida la juventud y la siega…
Barataria, 2017

martes, 18 de julio de 2017

RASGADURAS

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RASGADURAS




Y afuera de los líquenes humectados del crepúsculo las señales al cabo de los fundamentos de la luz: las cobijas vencidas de lo suplicante o la exasperación pospuesta de la flema en el reino de la ponzoña sumergida las aguas oscuras de la arcilla y su grito inquilino de tempestades siempre nos muerden las regiones al borde del cuerpo el gruñido de las rasgaduras las caparazones de los animales fenecidos el cadáver de la razón ligeramente socavado por el juego movedizo de los vientos y sobre todo de la espuma que alcanza universos estratificados como la nube de ojo preeminente de la oscuridad sobre el papel china de la llovizna a veces intransigente la prolongación vacía de los bolsillos el cansancio de una lágrima colgando de la ventana o el deseo en cuclillas de los acertijos: siempre se respiran los somatones de las aceras sin más que la grandeza del cuerpo sin más que el disimulo en la sonaja farsante del desdén más cerca o más allá del olvido la verdad de los despojos del beso sin apartar los acordes obscenos de la saliva los anillos de fuego sedientos de la destrucción el magma incesante de ceniza de todo cuanto se entrega y discurre en los absolutos abraso la prolongación de mis gemidos: despertar después ciego de embestidas interminable la palpitación roída prisionero de recuerdos marchitos allí retrasado de sueños asumo las madejas de crepúsculos que me ha dejado el viento los estruendos de telarañas en el lomo del caballo de la sombra el paraguas postizo del calendario el mimbre del aliento cortado con tatuajes el desabrigo que capitula como otro de mis desvelos  nada es cierto ya cuando todo se ha desmoronado es como si cada reproche fuese un asesino a sueldo como si nada valiera la llaga de la desnudez y las esplendidas defunciones de los tropiezos: me olvido de los espejos y de la leña seca del poyetón de cada garganta que dio sus propias zancadas: siempre faltará la flor de tu piel y las promesas que aún me desconciertan en estos días

Barataria, 2017

domingo, 16 de julio de 2017

OJERAS EN MOVIMIENTO

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OJERAS EN MOVIMIENTO





En los trajes del relámpago cambian repentinamente los relojes y se cercenan los huesos desde la herida calcinada sé que el tren de la sonrisa nos da hojas mojadas y cierto dominio para escribir sobre la noche o el alba envolver las estampillas y los pequeños desgarramientos de las pestañas: pero la dentadura del mal tiempo se vislumbra en el horizonte crece la escama desnuda del pez de los sueños las arrugas crecidas de las sombras y los puñados de leche pasteurizada de la niebla al pie de la piedra las colillas esparcidas del aliento o del musgo donde anidan ciertos insectos siempre hay toneles de hongos arrimados a mis zapatos esos que también crecen en los muebles y las fotografías esos que se venden en frasquitos para masticarlos como afrodisíacos o para quitar lo cansado de la tristeza se venden así como estampitas para hacer alucinar la memoria de todas formas uno necesita una ventana para consolar los tumultos que hace la tristeza huir de cualquier pensamiento escribir un poema de adolescencia a flor de piel los disparos concebidos de las poluciones me limito a la navaja del calendario y a desvivirme en la irrealidad del follaje con sus ataúdes ciertos uno paga a elevado precio la tristeza la alegría el revuelo de una nube o de la espuma de pronto en mis brazos no existen ya las palabras ni la aceituna de moscas de los guijarros ni la brisa asomando su cresta entre los lóbulos ni la bestia echada en medio de los encajes como el dinosaurio de Augusto Monterroso: todos los placeres resultan incurables indelebles de culpas rotundos en el tejado del pecho hay días en que los mapas se tornan un completo desorden: la bestia muerde empuja decapita anida silba simula coces embestidas de dientes y adolescencias de este lado del río mis viejos lentes con sus tristezas el polvo tortuoso entre mis manos aquel camino corpóreo del placer aquel fuego perverso envasado de cloacas…
Barataria, 2017

viernes, 14 de julio de 2017

DOLIENTE CADÁVER

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DOLIENTE CADÁVER




Toda la asfixia desparramada sobre los durmientes de las viejas lámparas de la eternidad allí los vacíos de las máscaras y el gris desenfocado en la oscuridad hiriente de los interiores: los eruditos del viento me recomiendan que no hable de las quemaduras que produce el sexo ni del ojal anochecido de la geografía ni de los cauces estacionales del sonambulismo a diario ahorco la saliva en las alambradas y posteo la electricidad de las ingles: son demasiados los rieles de ceniza para mi tren de madera gozo pensando en las catástrofes del almidón en ese pájaro de la ventana que se pierde en los sueños gozo en la fruta que propicia los incendios en el alargado oleaje de las vacilaciones: sin atajar las aguas violentas de los mecates espero respirar la grandeza del aire en la rosa del sobresalto el goteo del corazón del ciprés y su canasto de hojas arrimadas ante los objetos rotos y los jirones de ropa solo quiero huir huir callado  marchito como un beso dejado en los andenes de la indiferencia arrancado como los amarillos del moho en un pedazo de madera mordido por la humedad de la melancolía después de tanto deshilvanar los ojos solo queda el momento postrero el calendario sin cuadernos como un cadáver aburrido de incómodos hipos hay un sentido de pérdida en el lenguaje petrificado de las solapas de la corrosión al momento de los gemidos así como se pudre la fruta pasa con todo cuanto existe: sería demasiado imbécil para no darle vida a lo inmundo a esos sordos golpes que nos da el ruido de la noche nadie está exento de los bramidos rotos del fuego siempre hay oscuridad en el puñal del candil por cierto jamás se reivindica: siempre vos en lo remoto zarandeando mi cadáver yo hincado frente a la rosa cárdena del invierno irrecuperable el alma se desploma entre pañuelos se desploma el piano sumergido en la jaula del delirio: los ovillos del exceso son extrañas alimañas tierra adentro de la muerte convenida  visible el rostro del cadáver nada desmerece salvo la virtud de una flor en la sepultura: todo mal haya su entraña en la postrera epístola del despecho…
Barataria, 2017

jueves, 13 de julio de 2017

LARGA PAUSA DEL PONIENTE

Pintura  de Zhanna Kondratenko, 
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LARGA PAUSA DEL PONIENTE




La caída de la lluvia es inminente sobre la ansiedad que a diario despierta  en los sentidos: dispersos los semblantes del mundo las nubes pisoteadas por los ojos y esa neblina de muertos que nunca falta en la mesa más allá de la punta de los zapatos rotos el guijarro arrastrado por la suela del extravío la última carta que escribí al borde de los precipicios justo cuando el viaje era entre pantanos y estiércol y largos caminos de alacranes entre el paisaje adusto pese a la mordida del mecate al cuello nunca desmayo: voy alto de pájaros al fin y al cabo el prójimo se cansa de pinchar las bisagras de  morder las uñas de los agujeros de rectificar las ojeras que produce la intemperie sé que dentro de la brasa del vértigo existe una travesía de espejismos tan ciertos como el humo que opaca los espejos o los tobillos mudos de aguas condenados a la escarcha de la historia o a la almohada tatuada de granito dondequiera que la memoria esté en llamas el lenguaje se torna flama entre las manos: claro que uno recuerda los viejos amores y las viejas promesas ese tizón hace grietas en las cerraduras de los poros: cada escena del recuerdo es solo una estación de fantasmas o un enjambre de pálpitos a punto de exiliarse hay recuerdos inexpresivos los que han sido guardados en frigoríficos los hay sutiles los del último postigo total la oscuridad acaba siendo un viaje ilimitado solo un cuerpo insinuante un tatuaje de letargos magullados una fruta de ascendente melancolía siempre río cuando se descarrilan mis párpados siempre me perturba la escalera de las moscas los ahogados suicidios en mi voz ese guacal socarrón de la esperanza que nunca derrama sus líquidos de felicidad desde la fatiga y hostilidad de las estatuas jamás me es posible el sosiego sin embargo hay algo que supera cualquier acritud mi inocencia  talvez la sabiduría del caos tan necesaria en mi poniente
Barataria, 2017

martes, 11 de julio de 2017

ACRITUD

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ACRITUD




Después de los rituales prolongados de la cueva lo memorable con su acritud de grito dentro las palabras amontonadas y sin ningún rigor los días acaso memorables por la caries los otros espacios donde florece el caos: a menudo me toca ignorar la amenaza de las palabras no el silencio no los actos mortecinos del confín ni la orilla suspendida de las sombras en las ojeras siempre sangran las redes del poniente sobre las semanas suculentas de fuegos y avaras de quietud un bisturí puede ser lámpara y abrir los recuerdos la calma a veces es solo una mosca en desuso junto a la deliberación del próximo sueño: procuro alejarme de la desidia en la que amanezco de las ganas de apretar el llanto en mis ijares buscarle amante a las aberraciones que provoca la pobreza sudar todo lo hermoso que tiene el desengaño sacarle los ojos a las imposturas y vomitar toda la bruma del cuerpo la tos seca que nos golpea barrer las inundaciones execrables de las poluciones seminales después arrimarse a las hendiduras del amor allí con todas las ebriedades posibles con todos los burdeles interminables de mi conciencia la vida deliberadamente tiene sus propias manchas y antros: algunas grietas donde respiran los vigías algunos absurdos imprevistos de ceniza yo siempre juego a escribir el poema entre la zarza juego a los orificios del aliento juego a la avidez de los dedos juego al bullicio de la herrumbre y a los rótulos de las luciérnagas juego al masoquismo promiscuo de las aceras juego a las cobijas con gotas de infinito las calles del mundo siempre son delirio un himno de escombros repetidos una rama de mar en el bosque de la garganta: llegado a la ventana los grandes vasos de piedra como el hambriento follaje de los árboles yo sé después de tanta piel gastada que en el magnetismo de los sombreros se guarda esa mímesis infernal de los días obligados
Barataria, 2017

domingo, 9 de julio de 2017

FUNDICIÓN DEL AHOGO

Pintura de Henri Matisse – cogida de Printerest






FUNDICIÓN DEL AHOGO




Al fondo las mismas palabras de la noche y los vestidos del luto del espejismo y el desvarío de lluvia de las colillas acuclilladas en las aceras: a mi edad pesa el cuero de las sombras y las notas fúnebres del granito de la muerte: me resulta invariable el asedio de los cuervos y las defunciones a mansalva ¿Quién deja de nutrirse aquí con el rigor de la zozobra y el alfabeto engusanado de durezas? Voy de un lugar a otro sin ninguna ilusión en cada espejo se ha establecido el infierno o esas herraduras que cabalgan entre pólvora y cuchillos me pregunto si un día dejaremos de estar muertos o menos muertos que el tiempo y la paciencia o desplomados como los ruidos que nos deja saber la intemperie asumo todo el envejecimiento de las escamas y el aumento de la indiferencia asumo las telarañas filosas de la sospecha los agujeros espectrales del páramo o el polvo infinito de los desgarramientos allí en las veinticuatro horas repugnantes copula el sufrimiento y la congoja y el suelo que se agolpa en las entrañas (fuera del musgo de la respiración me hundo en el infinito de tu boca ígnea hay una llovizna áurea en los poros un manotazo de aliento legionario tras la embriaguez del ritual suma la fábula su propia moraleja la locura de los pechos ciegos y la sagrada destrucción del paraíso al tono acuático del agua los ojos corporales como súbitas persianas a veces nunca amanece en los caballos del vértigo no en estos ojos que viven la locura sin disimulo no de este lado de los fármacos y los automatismos) siempre he vivido frente a un espejo de lamentaciones por doquier cuelga el revoltijo de la polilla el contagio a las espinas los agujeros que nos deja la viruela y ese necesario poquito de  lascivia por si acaso espanto los gritos cuando escupo sobre las puertas del viento
Barataria, 2017


viernes, 7 de julio de 2017

PARA COLMO DE MALES

Fotografía propiedad de la poeta Sandra Ledeska Apablaza Muñoz






PARA COLMO DE MALES




En un nudo de pájaros  azotan los dientes bipolares de los rompecabezas de la perversión y el estrago en el comienzo restriego los juegos domésticos  de la avidez y la fiebre: hay crispación en todas estas manos agitadas del celo todo es tan real como las masturbaciones de la podredumbre el mal de ojo de los litorales y su espuma a cuestas del callado ruido de las invasiones en las estridencias del bullicio encarnado las hélices del aliento cuelgan de los rieles de los tributos junto al nudo ciego del fastidio he destronado las noches lo mismo que el infinito todos los senderos imprecisos arrullo la hojarasca del crepúsculo y vaho en su arraigada somnolencia adoro la hoja que cae lentamente del árbol de la vida los mares mayores del misterio y su intimidad de ahogado estrépito siempre los puertos imposibles son una vileza aquella puerta mística de mis pensamientos obscenos o el suelo que me mira con su diluvio espectral de objetos sin destino no tiene sentido ser esclavo de la noche ni del cadáver irreparable del cuerpo ni del tiempo muerto no tiene sentido lo inevitable de los ahoras tampoco el hoy después de hoy con sus cansancios tampoco el circo de las mañanas y esa espera hasta cierto punto insolente de la voz en cuclillas hay peces que gruñen en mi cuerpo con sus escamas de olvido nadie declina a los ojos de la tarde ni al hastío producido por tantos nombres inservibles a menudo todo es impredecible como la demencia desmedida de los crímenes que acontecen a diario hay fríos como el infierno de una navaja en una lágrima de frigoríficos hay sicarios para disputarse la sed: yo me quedo sin embargo espléndido de desastres entre la desnudez del reproche a la espera de que no me invadan los remordimientos a la fractura de los suspiros ni a esta orilla donde es idílico el desparpajo al final te veo desnuda para colmo de mis males: ahí claudican mis fríos
Barataria, 2017

miércoles, 5 de julio de 2017

CURVAS DEL UMBRAL

Imagen cogida de la red





CURVAS DEL UMBRAL




Siempre existen razones para leer las líneas curvas del umbral al igual que las de la conciencia la vaga sombra del tiempo y estas aguas de cipreses en los sueños: ya se han perdido las ropas en este largo camino de la noche la desnudez sola en el extravío en estos descensos hacia el degüello de las fosas donde el interior de los encajes palpitan elevadas trementinas he madurado en mis brazos la fatiga y ese imposible de cuellos de las tempestades y ese dolor que a ratos lame los centavos de la indecencia giran los trenes en su desbordamiento fatal todo es cierto en los sueños he pensado finalmente ciertos los arrojos consumados el ala disuelta en los vagidos o la redonda pestilencia de los credos las aves marías, los padres nuestros siempre la alegría acaba siendo sometida por lo fúnebre después del vértigo cruzamos la oscuridad indeleble de las aguas los infinitos de la flama la entraña oscura de las poluciones más atroces ya no sé si queda tiempo para la sed de las palabras ni si ésta se disuelve en los maniqueísmos ni si el cuerpo es otro arrebato poco locuaz de la ceniza lo cierto es que uno perpetua los diferentes espejos del rastro que dejan los ardimientos de la lluvia nada es más elocuente que las ausencias en la bóveda sola de melancolía debajo de la cobija uno enciende los escapularios y en lo hondo arden las lejanías la claridad de aquella memoria ya con vacíos las semanas que uno anduvo dibujadas en el cielo de la boca alguna vez pensamos en las semillas alguna vez acaso rotamos sin caer y arrastramos el tiempo hacia el breve instante del incendio dejada ahora la infinitud del día sabemos que el fuego solo no se mantiene y que en las esquinas del horizonte todo se reduce a escoria también en los ojos mueren los espejos y la mirada y el cuerpo ciego en las indeterminaciones de la sombra los abanicos sordos del colibrí fenecido si algo queda en el aliento es el horror enamorado de las tumbas o el escarabajo excesivo de la angustia o la hiriente abeja del amargor con su golpe de herradura
Barataria, 2017

lunes, 3 de julio de 2017

ALTO OLVIDO

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ALTO OLVIDO




Con su poniente carnal la gota de sol decapitada en el ápice de los pañuelos del acantilado: allí el yo eterno o efímero rompiéndose contra la piedra allí el reloj salido de los naipes de cuanto roedor muerde la noche todo se abre dentro de las telarañas ígneas del aliento la rosa decapitada la almohada amaestrada por la deshora de sal o el río de zopilotes respirando aguas turbias como el silencio a fuerza de ser destrozado duerno en medio de armaduras concéntricas las bocas aprisionan la concavidad de las cábalas o el gato infinito del tejado que merodea a la hembra y escarba hasta hacer agujeros en lo extraño resultan terribles los fragmentos de gemidos de la luz el ojo turnio de los pestañeos o el cuerpo a merced de la oferta y la demanda del mercado negro a veces amarro el hilo de respiración de la brusquedad floto en las aguas de incendio de las campánulas en ese montón de voces de las adormideras colgadas del tabanco para las infusiones alargo los brazos de la escritura hasta presentir la altura del pájaro hay un montón de sombras desdoblando la epidermis la boca de cristal del cielo la lisura de las semillas seminales el punto de ebullición del espíritu en la prolongada repisa del orgasmo ¿Qué hay del pez hundido en el sopor metálico, qué de la escarcha fálica de la espina, del sabor a ciempiés de la lluvia? Todo lo he aprendido de los ombligos que han confluido en mi boca del fuego trashumante de la caligrafía de los tropezones inexorables apilados en trocitos de caminos desciendo y penetro en los ojos de la puerta desciendo ya sin protuberancias y sin desmesuras luego me quedo liviano como el alto olvido del aire sobre la muerte
Barataria, 2017

sábado, 1 de julio de 2017

PRETÉRITO DE ASFALTO

Pintura: Composición II, de Carmen Dolce, cogida de Pinterest





PRETÉRITO DE ASFALTO




A menudo es necesario exorcizar los declives de la conciencia y esos crecientes predios baldíos del tiempo: no hay camino omnímodo en las palabras sino una epidermis de diccionarios obsoletos un pretérito de asfalto iza las banderas crece la granazón del crepúsculo y las curvas abstractas de luz mientras los caballos estáticos del horizonte muerden me da esa sensación de evocación onírica uno se harta de leer todos los días los opúsculos de la niebla y la alucinación que provoca la arquitectura de los espejos uno se harta de la insania recubierta de humanidad de los prolongados yermos de los bisturís de los alambres retorcidos del terror uno se harta de las moscas como interlocutoras y de los atenuantes de los esparadrapos uno se harta de las incidencias del alba y de los desaguaderos descompuestos  todo tiene por si acaso la duda la carne de un muerto el destierro de la calma y lo roído de las paredes más luego que tarde emprendo el vuelo: supongo que es así cuando cacarean los recuerdos resignados a las alimañas en el diente oscuro de la pupila la herida al límite de lo inmóvil y la desnudez del sollozo como un mueble irreparable odio las úlceras y a quienes husmean desde la sombra abyecta mejor sigo a solas con mi compañera antes de que la pestilencia me alcance se me viene todo el dolor como si la muerte no fuera ardiente sed hermana transitoria de los confines odio la falsa luz y lágrima voy en la retirada del combate absorto anegado de herrumbre: la desnudez no hace humana la oscuridad ni el barro se alza en lo remoto parece que la mezquindad atraviesa todas las paredes del insomnio parece que no hay sábana que cubra las azoteas del extravío ni tempestad más errática en la garganta: la inmoralidad a menudo se nos presenta con traje de mansedumbre
Barataria, 2017