domingo, 20 de agosto de 2017

LÍNEA DE TIEMPO

Imagen cogida de Pinterest





LÍNEA DE TIEMPO




¿Qué nos pertenece después de destilar los escalofríos los sonambulismos propios de la tormenta o el tizne irremediable de las cerraduras? Por cierto que hay designios irremediables en el mapa de la noche al cabo así es la línea del tiempo el territorio de piedra que nos recuerda cuánto hemos caminado en la adustez y en ese prolongado viento de la escarcha siempre hay preguntas que a ratos declinan al borde la sombra siempre resulta efímero lo que suponemos nos pertenece: la luz que arde y se oculta el caos que siempre es parte del país o las muchas aguas de concavidades siniestras que sin gastarse nos mantienen en la sombra o en la dureza a menudo mis zapatos indefensos y este morir entero en el hueco de las palabras sobre el tejado póstumo de la fuga la brasa que recuerda las deshoras aquella otra forma imperceptible de los límites (yo soy junto con los demás esta nostalgia de la patria y su voluntad de luciérnaga y su promontorio de laberintos: en cada esquina nos atemoriza la memoria y los cráneos abiertos del humo no es fácil después de todo atravesar noche y día el infinito o lo inasible que tiene el ave de las calles disolverse en la oscura luz del sexo hasta andar todas las impurezas que lleva consigo la cópula) en todos los adoquines nos inquieta la esperanza y el uso perverso que se hace de ella de tanto fastidio duelen hasta los dientes menos el usufructo de los burócratas y su alta rentabilidad de golondrinas  ahora ya he olvidado todas las propiedades del epazote y el culantro el índice de inflación de los ceniceros el diezmo de ceniza que borra la lluvia sin salvación alguna o vos dentro de mí ardiendo desde el oasis del invernadero : me ríes sin saber que ríes en un país donde todos ríen (y celebran con dulces y piñatas la mansedumbre) me arrojas como todos los tiliches que cubren las acequias por cierto nadie me ve en el camino esperanzado de morir todos los días ¿qué nos queda de todo lo que amamos? Quizás entonces sólo debo pensar en la casa de citas y en aquella carne herida de historia de los prostíbulos en esa línea terrible de la nostalgia y la memoria de lo grotesco que añaden las monedas
Barataria, 2017

viernes, 18 de agosto de 2017

ÍNTIMO SUICIDIO

Imagen cogida de la red





ÍNTIMO SUICIDIO





A veces sólo es la respiración la que nos transparenta en este implacable fuego de los saqueos: en la vagina de estos días todas las ausencias de animal oscuro el ir contando en las madrugadas los residuos del fuego la mesa fría de luz y el largo cansancio de las postergaciones extendido en las húmedas ventanas del invierno nos desangra la muerte prematura y arrebatada de la esperanza las guitarras y los paraguas degollados del país los cuerpos que nunca volvieron a ser iguales después de las heridas: todo deja de ser tiempo en la usura de las sombras en el fondo siempre estamos expuestos al desvarío o al espejo de sal que nos despierta y nos conduce solamente a los adioses ¿qué hace un cuerpo en la intemperie? ¿con qué desazón entran los bisturís a la piel? ¿qué ahogos subvierten la sed hasta habitar lo subterráneo? ¿de qué amor hablamos cuando la llovizna moja la totalidad de la ropa?  —nunca encuentro el parpadeo pese a la disminución de los caminos en las fachadas intento ver las mañanas y su inútil evocación de amalgamas: por cierto nada es comprensible aunque en apariencia no hayan cambiado las palabras lleno de agujeros el aliento susurra sin autonomía el hipo y aquel engañoso paraguas reluciente de los zaguanes a veces sólo nos sofoca ese monstruo del sexo y nos habla el corpiño desde su hormigueo y mientras jadea en el sueño empiezo por entender el mundo de lo onírico nadie me salva de las torturas que me propician mis neuronas mientras la hoguera asume su constancia de huracán alguien me enseñó a creer en los catecismos del polvo y en ese color tumefacto del azogue: ahora tengo que aborrecer tantos lugares y todos los días anteriores al mechero de tizne de los analgésicos todo es implacable como el granito en los zapatos como la cópula ulterior al olvido como todas las noches morosas y sin pronta justicia el cristal del horror tiene su propia laboriosidad: cruzo entre peces onerosos la calle de tu nombre inseparable el íntimo suicidio de una antiquísima historia: en algún lugar del Stanislaus la saliva de las secoyas ceñidas al recuerdo
Barataria, 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

FEBRILIDAD DEL ABSURDO

Imagen: Sísifo de Tiziano.





FEBRILIDAD DEL ABSURDO





Hecho los balances me queda coleccionar por si acaso terroncitos de cada uno de los senderos que he caminado: la he mirado tantas veces hasta esconderme en sus pechos y ahí ligero de divagaciones la rosa de ascuas suave como un vilano  —vence la febrilidad ciega de cada una de las exequias que ha acompañado la herida saber que el país me brinda mesas vacías y niños cabizbajos a la hora del cierzo en el oscuro de la niebla la eternidad en su agonía de tumba la sombra del absurdo hace lo suyo: es la piedra en el puntapié de la mañana el tul del ruido de las semanas siempre el entierro monótono del aliento nada tiene de redentor el ojo entre miles de feligresías entre tantas palabras de heces en medio del sueño sí nada tienen que decirnos los bolsillos vacíos salvo la deformidad de la comida salvo vos a quien le asisten extrañas certidumbres uno no sabe por cierto hasta dónde llegan estos cirios de luto hueca la aventura oscuro y fermentado el hipo del moho entre los dientes  (en el rictus propio de la agonía se agolpa el agua en los ojos las palabras los gritos el silencio) frío el latido nos golpea la noche insomne de los muertos y todas esas madrugas que uno pasa en silencio pensado en los alaridos de los andenes y las esquinas meadas del mal vivir para entender la desnudez del país debo pensar en la risa hostil del dolor en el frasquito de esperanza para apaciguar los dolores sacudir el polvo acumulado en el tabanco desnudarte en medio de la noche buscarte en el cofre de sueños de la tormenta o en todo caso en aquellos aletazos de pájaro tardío de mi tristeza: ahora sin embargo tengo un paladar de ceniza y un atardecer de hoja amarilla donde yerra la ulcera de los relojes en mi pecho el olor añejo del ijillo de los tantos nombres de los crisantemos las caídas  y traspiés de las huidas el espejo de cieno derrumbado en mis ojos  —al término de todo vos sin límites en la maroma colmada de mis pupilas siempre dilatada en mi adusta alegría siempre inexorable y manifiesta como el primer hervor de los amantes ciegos…
Barataria, 2017

lunes, 14 de agosto de 2017

COSMOGONÍA DE LA ALMOHADA

Pintura abstracta de Jennifer Davenport, cogida de Pinterest





COSMOGONÍA DE LA ALMOHADA





En el alfabeto de las mochetas las puertas siempre tienen a disposición una mirada confiscatoria: lo sabe el mundillo de los comejenes y el tragaluz desvestido del grito y los bejucos del tiempo a ratos inverosímiles como los sonidos ahogados en las mortajas o como los relojes que acumulan semanas de polvo más allá del pájaro que se expande en la piel: uno sabe de las palabras inasibles de lo irremediable de la sangre que musita en el entrecejo de los desgarramientos del zodíaco en los pies o del paso tuyo atravesando las cerraduras de brasa de la noche  —supongo que para después todo estará calcinado aquí no hay mártires ni ídolos si acaso estatuas que la irrealidad fue construyendo como suele suceder en la arritmia de los párpados (nunca nos fue dado el pan a manos llenas) salvo el guijarro que estuvo ahí como un reino en medio de nuestras osamentas de todas las asimetrías de los somníferos sólo quedan las lecciones torcidas en la yugular del silencio pero todo es claro hoy en día: los ojos se entrenan no solo en la muerte del tiempo sino sin entenderlo en la lengua del sexo en las manías de jugar el juego de la muerte lo digo así cuando evoco tu flor e intento ponerle métrica a la erección del infinitivo más allá del temblor de las manos todo es perverso en el ave de rapiña de los fonemas en las letras de miedo del alfabeto antes de colapsar en ese cuento inevitable entre comillas a la hora de escurrir la cuchara o ser certeros como la mosca al poner sus huevos de todo el porvenir únicamente me queda el rastro y esas pesadillas del diluvio de cementerios a la hora de respirar en la cosmogonía de  la almohada (en el pólipo de los secretos la corteza de sangre del gemido y este aborrecerte de boca y este quererte de muslos sin tregua y esta hoguera de afonías como una bestia sin paraíso)  —lo único cierto es el sollozo en mayúsculas cuando ya son irreversibles las exequias y el dolor fastidia como un cansancio de centavos en la propia impotencia a la hora en que nos acostábamos maduraba también el árbol de tu cuerpo aunque en los andenes ninguna posibilidad de vida salvo el pellejo raído de la dignidad y su charco de ferocidad manifiesta…
Barataria, 2017

domingo, 13 de agosto de 2017

HECHO DE DESHORAS

Pintura de Manolo Millares, cogida de Pinterest





HECHO DE DESHORAS





Y bajamos como condenados al túnel de la tristeza donde las púas del país suben hasta las sienes: ignoro si existen otros lugares propios para los sueños o menos crespones de luto en el aliento sin duda es demasiado pequeña esta geografía para tantos cadáveres para cada infancia hay semanas indecibles salvo la lectura doctrinaria de los altares y el residuo de los maullidos de los cipreses: en la miseria de los ídolos no caben nuestras manos quizás la prolongada desnudez de la extravagancia y la ejecución sumaria de la esterilidad al cabo sólo me queda como alternativa o excusa salir en la noche a platicar con los maniquíes acompañar el sepelio de los raciocinios o circuncidar de una vez por todas las baratijas de la primavera no sólo se gime durante la cópula sino por las puertas cercenadas el trasmundo arrasa hasta con la úlceras hasta con este tórax que alguna vez tuvo diferente certidumbre: cada vez nos vamos llenando de destinarios de hambre o de alegrías arrebatadas en ejecuciones sumarias puedo entender todas las miradas sordas de este tiempo no sé vos con tus despojos y extranjerismos anacrónicos y tus renuncias irreparables y las sombras tetelques que me dejas en el sexo ciertamente uno está hecho de deshoras sin poder cabildearlas y sin embargo añoro los desperdicios que me dejás en el plato agujereado de la inteligencia en el yagual ahorcado del matarratas o en el olfato sodomizado del lenguaje me encanta la codorniz íntima esa que ha gastado mis condones y me ensucia las cobijas y propicia cierto estado cataléptico puedes dejarme en tierra pero siempre estará el azúcar en estado puro siempre descorazonándome despacio o jugando después de todo a las lecturas del continuo engañarse (a veces me da por leer cuentos de hadas con finales felices para borrar el asco y el fastidio de los días de sombras) la herida crece y da gangrena salvo abrir las piernas y viajar en complicidad de la saliva por cierto me acostumbré a los acertijos que son proclives en la clandestinidad y al inmundo gozo del gemido: no me lo digas de golpe pero seguro me he vuelto imbécil al entrar a la noche y quedarme al entrar desesperadamente al dominio de los sueños…
Barataria, 2017