miércoles, 28 de junio de 2017

EDAD DE PUERTAS

Pintura cogida de elclubdelartelatino.blogspot.com





EDAD DE PUERTAS




(Todo es así desde los muros de la patria: el aire desdibujado de los fríos las huellas sumergidas en la memoria las osamentas sin nombre de los adioses uno quisiera borrar toda la edad mortecina de las puertas el tropel enlutado del pecho y esa incontenible ceniza del despojo y esos gemidos húmedos de los ojos en la saliva prolongada de las bufandas aquellas palabras derramadas en la noche como luctuosos crucifijos la niebla arrasa todos los espacios donde hay luz: dentro ávidas bóvedas también los paisajes miserables del disimulo hay muchas manos manchadas en este laberinto entrañas raídas y silencios desde las maniobras ciegas del poder sordo el desvelo mientras arrecia el único oleaje: la gota de espejo sobre la fronda del miedo nunca cesa la lluvia oscura al borde del aliento tampoco lo hace el hueso y la brasa alrededor del cuerpo sigue el sordo aullido de los barrancos y los depósitos clandestinos para enterrar tantos nombres y vértigos todavía tengo razones para no explicar los vacíos o lo pesado que resulta esta región del sollozo fiel a la hojarasca sostenida en la fatiga todavía no sé si sobrevivimos a la indolencia del polvo y a la piedad de algún paraguas o sombrero todas estas ausencias van dejando fragmentos de rastros los mismos que la sombra recuerda los mismos días venideros que andamos en el bolsillo qué puedo decir del grito profundo de las palabras y qué del atrio de los disfraces cuando la boca arrastra portales agrios y el sueño desordenada hendiduras qué de ayer de hoy de mañana si ya nos hemos acostumbrado de rodillas al frío a la diaria palidez del territorio)…
Barataria, 2017

lunes, 26 de junio de 2017

PARA MIS OJOS DISPERSOS

Imagen cogida de Pinterest





PARA MIS OJOS DISPERSOS




(En el reino de los osarios mi campo de batalla suelen ser las tumbas, esa forma donde fluctúan las canas sin miramiento ni dispensa no hay atajo para el harén del pálpito salvo esa gran jaula donde anida la conciencia en las alambradas del mordisco el candil orgásmico de los oráculos el esplendor supurante de las orgías a cuestas del tiempo en la asfixia todo se desmorona nada detiene el sudor de los altares ni el vómito plomizo de las estatuas ni los terribles burdeles del futuro ni la materialidad de la bolsa de valores soy de la manada de los caminos bifurcados la boca de la noche es interminable pero no inocente siempre oscura como el poder siempre indecible en los bastones que de pronto se alzan al olvido la ceniza posee sus propios timbales como las sombras colgando de las mochetas de las puertas respiran pútridos los bordes de mis calcañales la paz circular de los felinos hambrientos desde dentro palpitan los durmientes devorados sangra de sed el ala extendida del páramo: sangra mi reino en la saliva prolongada de los vestigios sin más el tórax es mi propia caverna desde ahí arrojo la ponzoña a los vertederos a fuerza de caminar he desgastado el odio y la ignominia: la droga de los presentimientos me mantiene en vilo tengo por herencia los agujeros que van respirando las monedas en los bolsillos también mi propia asfixia en medio de lo inmundo: gime la otredad en su memoria despierto con la furia de una mueca quebrada en la soledad del País)…
Barataria, 2017

sábado, 24 de junio de 2017

EXTRAVÍO DEL PAÍS

Imagen cogida de la red





EXTRAVÍO DEL PAÍS




Después de todo están aquí los amarillos de los huesos en una lágrima y esos arlequines en los que cualquiera se apoya: en el somnífero nunca hacen falta los mordiscos ni las cucharas del zarandeo morir ya es parte de la disolución de las asperezas y de la obviedad de los adioses a la edad de mis ojos todavía la desafían las tormentas entre el pétalo quebradizo del aliento los asedios de ceniza de los sueños y esta rotunda desnudez de hijo pródigo nunca es fácil sobrevivir al tropezón abrasado de los rincones ni a la mueca del vendedor de bisutería ni al perenne mercado de las pesadillas nunca es fácil entender ese extraño juego de carnaval y disfraces tampoco el mortecino sexo del cansancio cada quien se arrima con ahínco a esa palabra destartalada que se llama democracia a mi desamor al país le agrego los ojos que me faltan para argumentarlo la paciencia no es una cobija azul de bandera nacional sino torpeza de querer abrigar con ropa vieja la memoria que tropieza con la almohada

En la región de la escarcha  solo perviven atavismos de terror y fuegos de infatigable desvelo por mero extravío el país nunca se escribe con ternura nunca de ciudad en ciudad la noche que pensamos es sinónimo de luto no obstante es bella esta fealdad donde zumban las moscas de la otredad es bella la muerte cuando se adueña del mundo es bello el país en pedacitos es bello bello bello…
Barataria, 2017

jueves, 22 de junio de 2017

EPIFANÍA PREMONITORIA

Pintura de Joan Miró





EPIFANÍA PREMONITORIA




Entonces, ¿en dónde está la razón, el desbordamiento infinito
de los poros rotos, todo lo que antecede a la vestidura de las distancias?
En el párpado he advertido la espina y la intensidad sesgada del lenguaje.
Frente al ojo el ventisquero de polvo y las amargas monedas del vacío,
y la garganta colgando de horcones,
y la mano de mamá rota en su extraño sarcófago de mariposa,
y las axilas casi rurales de nuestro mundo.

A ratos aturden las esquinas de lava de los sueños: el telón oscuro de la caverna
y sus poderes de intemperie;
el cortejo de la ignominia de pronto se torna una deidad de negocio
sin límites, —el odio estalla como un granero imposible de respirar.

Nos avasalla el servilismo como producto interno bruto.

Suplicio y agonía resultan irrevocables como gotas de sal retorcida.

Todo comienza a no ser.

Alguien desafía toda la cinematografía instalada, incluyendo las alambradas
de púas y las palabras al servicio de la sumisión.

Se avecinan estatuas ardiendo de confeti y rumores repletos de tempestad.

He recibido los telegramas del abismo: he visto a sus remitentes
a través del espejo, en medio de los secretos adulterios de la razón.

Usted conoce el polvorín que vaciará nuestros ojos.
Usted que se desploma de asfixia frente a la muerte y sus hierros movedizos.

Ahora sé que nadie estará a salvo, ni podrá alabar las mutilaciones,
ni sabrá sobrevivir a los relojes fragmentados de la ansiedad.

En la concavidad rota del ala, las pugnas y sus aguas oscuras.

En el umbral de los nombres, no vale la separación de las aguas ni el bautismo,
los círculos de la ceniza multiplicada,
los acrósticos de la materia y su eje perverso, el exilio vertical de la tristeza
o el descenso hacia todo lo consumado: la súbita luz inexistente,
el vientre sumergido de las semillas proclives a un territorio desleído.

La realidad última es la desnudez y su territorio con candados.

Todo se nos muestra como una sombra en la garganta, como un retrete
reiterativo, objeto de salutaciones inusuales.

Ha llegado hasta socavar los ijares ese juego perverso de la explotación
de la discordia, sin que en realidad se avizore tierra firme.

Deshecha la conciencia, ya no hay espacio sino para las catástrofes.

Pese a ello, nadie desea ser sobreviviente de sombras fermentadas.

Nadie en este laberinto inmóvil.
Nadie en el abanico absoluto de las sombras.
Nadie sin boca ni palabras, telaraña de poluciones quemadas, desasido pájaro
del aire u oscuro vitral de fríos en el hueco de un quinqué que escruta tizne.

Resulta patético y feroz el héroe erigido tras el bostezo de la memoria.

En el ciempiés de la muerte y la Torre de Babel, la tragedia del invierno
lanza sus calles de acuarios y sus benignas plegarias de polvo.

Nos alarma la mosca amotinada del desenfreno, pero la epopeya fortalece
antes de que caigan sus edificios y la boca se acostumbre a la ebriedad.

Ellos sólo buscan la noche sin dar la extremaunción.
Ellos sin que los niños sonrojen sin ataduras.
Ellos que saben mentir y llenan de confeti los ojos y de sexo las manos.

Uno despierta con los ojos como pájaros muertos.

Siempre hay algo en el disfraz; y lo dicen las ojeras y el yo nauseabundo.

Como una cobija de gotitas cálidas, navego en este infierno
de pornografía e invoco, por si acaso, la ternura de los políticos…
Barataria, 2017

martes, 20 de junio de 2017

PARAÍSO TERRENAL

Behind All The Questions by Jeane Myers
 (Cogida de Pinterest)





PARAÍSO TERRENAL




Un sol negro acaba con la avidez de los pájaros, mientras los coágulos
se vuelven ruinas inexplicables, aguas de eterna herrumbre.

Ahora el horizonte confabula con sus propias fogatas y caídas.

La mugre acaba por convertirse en incandescencia, en fotografía absoluta.

Después del fuego uno debe lavarse los dientes, reírse de los bolsillos
rotos de la nada, negarse a la comparsa y a los infiernos.

Titubea la fluorescencia de los automatismos y el calendario apócrifo
de los armisticios: en este paraíso terrenal se desmoronan y ahogan
todos los sueños aparatosos del humo;
por algo los peñascos juegan a largas carcajadas, a heridas encendidas,
y hasta quizás al luto de la claridad.

Veo el oleaje de las aglomeraciones derramadas y abrasadores vasallajes.
En el convento del monólogo, el yo carcomido de pupilas.

(Hay palabras extrañas que recorren las vísceras; hay noche, ahí, donde
nadie anda; hay ruinas empozadas como un largo sollozo;
hay falsas corduras en el umbral ciego.)

Sólo veo una larga bruma colgando de las paredes, decapitados en la risa
de la deriva, bisagras e infatigables asesinos, jamás duermen
porque la furia les aviva los párpados, su falsa historia de sumarios.

Algunos combaten sobre el pétalo fúnebre del destiempo.

La perversidad tiene sus propias herramientas, alardea de sus hangares
y de su trasnochada supervivencia; desde la noche, se nutre de alambradas;
la carcoma es su alimento preferido,
siempre camina en lo subterráneo,
camina entre fusiles fulminantes, su aliento respirado en rincones,
donde el tiempo genéticamente expulsa sus excrementos.

En su boca resulta dudoso el Ave María, no así las uñas detrás de los ojos.
No así la furia desdoblada de las mordidas, ni la espina que impone
contratiempos de perversas aguas. Ahí, hay disfraces solitarios.

Después se fabrican elefantes de fidelidad.

Y razones para encubrir la piedra lanzada.

En lo general son maniquíes que cuelgan de alguna ventana amortajada.
Persiguen a su víctima hasta el suicidio y luego le niegan el sepelio.

Y desfilan con su palabra rota de aluminio, entre reptiles y tropeles.
Y desfilan cargando su odio y su soledad. Y desfilan con su úlcera revelada.

A veces se recubren de escarcha, cipreses o alelíes o crisantemos.
A veces juegan al diccionario de sus sueños cortejando platos y mesas.

Siento su olor de innumerable sombra.

Duele el desierto que arrebata la memoria y condena de vista y oído.

Nadie sabe hacia qué abismo la boca se vuelve irreparable.
Existen tantos mendrugos como el odio avieso de los bisturís.
Siempre es triste ver la entraña rota en el lugar que ocupan los retretes.
Nunca hay inocencia en la telaraña que se enreda en el aliento.

Al final es Job quien habla desde sus certezas, aunque resulte implacable
para el alma, la compraventa patética de las palabras.

Siempre camino desprotegido frente a la lluvia, siempre al borde del rastrojo
de quien vive dueño de sí,
sin más aperos que el pájaro vivo de mis tropiezos y la luz del vuelo.

Sin más agua que la propia agua de mis ojos.

Escribo más allá de lo que me dicta la noche y el día.

Sólo escribo mientras beso mi silencio…
Barataria, 2017